La demonización de la derecha valenciana

jesús montesinos radio voramar

El doctor en Psicología, Ismael Quintanilla (Universidad de Valencia), mantiene que las actitudes son un proceso que determina las conductas sociales. Estas actitudes se expresan al evaluar de forma favorable o desfavorable un objeto, un ente, que puede ser una persona, una opinión o un valor. Es una tendencia psicológica que se construye a través del comportamiento cognitivo, el afectivo o el conductista.

Pues bien. La derecha valenciana ha conseguido por méritos propios o por deméritos de otros registrar una evaluación desfavorable desde hace años, de manera que cualquier cosa que pase o haga está demonizada por encima de la realidad de su comportamiento o de sus ideas, si las tuviera o tuviese. ¿Pero son realmente tan malos? ¿Llevan cuernos y rabo? ¿Y si son tan malos como dicen por qué ganan siempre las elecciones?

Creo que lo ocurrido es que la socialdemocracia dominante en España y en el caso valenciano (incluso con los añadidos del nacionalismo descafeinado que vivimos) ha tenido que recurrir a esta demonización para diferenciarse de esta tendencia ideológica. Porque de lo contrario el elector tiende a considerarlos como un todo y solo apuesta en función de personas.

La fábrica de códigos

Con los años se ha creado una actitud negativa contra la derecha valenciana actual (curiosamente se habla bien de la derecha regional histórica) sin aportar mayores pruebas que los códigos construidos sobre la corrupción (que la ha habido en el PPCV y en el PSPV) o, como dice José Antonio Marina, para generar indignación contra otro; para culpabilizarlo hasta de nuestros errores y nuestros males.

Como Dylan está de moda podemos hablar de relativismo a la hora de juzgar lo que realmente fue la política de los grandes eventos, la privatización en la gestión de una parte de la sanidad pública o la deuda acumulada. No hay mayor profundidad en el análisis. Y es obvio que en esta sociedad las mentiras se olvidan no importa lo que se diga (Ver suplemento Ideas http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/14/actualidad/1476453280_024293.html) . Queda la actitud dominante. Y esa ha sido demonizar a la derecha sin mayores requerimientos.

Cierto que esa derecha política, desde la que dirigió Pedro Agramunt hasta la que ahora intenta recomponer Isabel Bonig, no ha tenido tampoco mayor relato que el poder, aunque Camps hizo aportaciones ideológicas, digan lo que digan sus detractores. Y que en la sociedad civil esa derecha, desde la que intentó reinventar Luis Espinosa hasta lo que ahora pretenden Vicente Boluda y Diego Lorente, han estado siempre a la que cae desde la caja de la administración (¿Cómo no recordar a Ignaci Villalonga o Joaquín Reig??).

No hay mucho mayor pronunciamiento en la derecha valenciana de los últimos treinta años. ¿Pero llevan cuernos y rabo? Bueno. No debe ser tanto cuando siguen contando con el mayor apoyo electoral. Y es que al final frente al valor de la igualdad en la sociedad valenciana prima el valor de la seguridad. Las aventuras justitas las que hay que hacer un sábado noche en la Marina Beach Club, que está a tope aunque le duela a Joan Ribó.

Ruptura del contrato

En España la socialdemocracia que representa el PSOE está desnortada tapando las vergüenzas que supuso que Rodríguez Zapatero abrazara a Keynes en mayo de 2010 (que poca memoria tiene el español cuando habla del paro, el déficit o la deuda). Entonces se rompió el contrato social que el PSOE tenía con sus votantes. Por eso Pedro Sánchez ha corrido la banda con una quimera idealista (como dice José Luis Pardo cuando habla del populismo) a ver si purgaba los pecados heredados de su antecesor. Y las bases del PSOE encantadas de olvidar aquellos apuros vergonzantes. Por eso necesitan demonizar a la derecha.

La izquierda no encuentra su camino y por eso recurre a esa actitud demonizante. Una fallida estrategia que les lleva a hacer el ridículo con los datos de la dependencia o ignorar realidades como la caída de las exportaciones del azulejo por el Brexit o el crecimiento de las ventas de naranja andaluza frente al abandono del campo valenciano. Es mejor culpar de todo al PP.

Cierto que el PPCV es un mal ejemplo de cómo debe comportarse una derecha. Y su problema no es la identidad valencianista: eso solo da de comer en unos barrios de la capital y algo de l’ Horta. Su problema es de identidad precisamente como derecha. Hacer política. Tener una ideología no vergonzante. Pero la cosa no da para más. ¿Qué coño hacen metiéndose con el viaje de Ximo Puig a Cuba o hablando del catalán? Puig ha metido la pata liando por el medio a Aznar en sus paseos por La Habana vieja, pero para montar historias con los empresarios está el Consell: para procurar que los valencianos prosperen, sean empresarios o pensionistas. Por eso resulta que la derecha valenciana actual solo tiene el demérito de su torpeza. Y así y todo ganan elecciones.

Jesús Montesinos Jesús Montesinos (57 Posts)


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