Por quejarse que no quede

jesús montesinos radio voramar

Ahora toca quejarse porque no tenemos AVE y los Cercanías van lentos. Somos un instrumento de la guerra de unos políticos contra otros. Porque nadie pregunta a qué velocidad circulará ese AVE cuando pase por Nules, Castellón u Oropesa. Como nadie pregunta cuándo ampliarán el desvío de Castellón. O por qué hay miles de cullidors con contratos ilegales.

Valencia es invisible para Madrid, para Alicante y para Barcelona. Alicante es visible para Madrid e invisible para Valencia. Y a Castellón no la ven desde ningún lado. Por eso nos pasamos el día quejándonos de que nadie nos hace caso. ¿Sirve para algo?

¿Y por qué somos invisibles? Porque estamos instalados en esa magnífica zona de confort que es la invisibilidad. Así nadie pregunta quiénes somos y qué queremos amen de unos trenes, unas carreteras o más dinero. Estamos perfectamente instalados en el sentimiento cálido de la queja. Mejor invisibles o quejosos.

Instalados en el relativismo del agravio comparativo, la deuda pendiente y la herencia recibida llevamos desde que el duque de Tetuán ejercía de portavoz de los intereses valencianos y castellonenses ante la corte de Madrid. Y nunca pasamos de ahí, ni siquiera con los carlistas ni tras Almansa.

¿O es que nadie recuerda cómo tuvimos que financiarnos el Plan Sur o asumir que Aumar retrasara la AP-7 en el Mascarat hasta que tuvo claro que no iba a pagar el by-pass de Valencia? ¿O el desvío de Castellón, que quedó pequeño el día de su inauguración? ¿O la N-340 hasta Catalunya?

Moneda de cambio

Madrid nos obvia (no tardará alguien en decir que España nos roba), pero Barcelona boicotea cualquier proyecto hacia el sur que afecte directamente a sus intereses. Pasqual Maragall exigió en 2003 a Aznar un retraso táctico en el AVE Madrid –Valencia porque estaba lanzando su Euroregión que colocaba a Barcelona en la centralidad mediterránea. A cambio moderó parte del lenguaje que lanzaba la Generalitat contra Madrid.

Meses llevo escuchando que tocaremos el cielo cuando esté hecho el AVE desde Tarragona a Alicante, sin que nadie pregunte a qué velocidad circulará ese supertren cuando pase por las estaciones de Nules, Puçol, Villarreal, Castellón u Oropesa. ¿Para qué entonces tanta queja si nos contentamos con un Cercanías de lujo?

Pero es que ADIF y técnicos de todo tipo se han cansado de decir que tanto ese AVE como el Corredor Mediterráneo si no va por el interior a más de 15 km de la costa por zonas sin habitar solo será un cercanías y un mercancías mejorado. Cada vez que nos quejamos nos disparamos en un pie. Nos contentan con poco y nos dejamos engañar. Nos hicieron un tramo de autovía desde Sagunto hasta La Plana y nos damos por satisfechos. ¿Y qué pasa con el intenso tráfico desde y hacia el norte?

Mientras te quejas no haces otra cosa

La queja es un sentimiento cálido que permite obviar lo más prosaico. Nadie mira el destino de nuestras basuras a otras comunidades cercanas o la ilegalidad laboral de gran parte de los cullidors de la naranja. ¡Estamos quejándonos y no tenemos tiempo para otras cosas que nos harían potentes! Por eso tenemos una voz tan débil cuando nos quejamos. Incluso creemos algo tan estúpido como que todo iría mejor con un ministro en Madrid.

Lo malo para la política reinante es que más pronto o más tarde la gente se da cuenta que para estar siempre quejándose no hace falta anunciar tanto cambio político. Eso le pasó a Bildu en San Sebastián y solo duró una legislatura. Al final la gente lo que quería era que la ciudad estuviera limpia, que para eso paga.

Jesús Montesinos Jesús Montesinos (57 Posts)


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