Reformar la Constitución es defenderla

artemi rallo pspv psoe congreso

Se cumple un nuevo aniversario de la Constitución: 38 años de vigencia de una Constitución normativa con vocación de regular la convivencia integrando las diversas posiciones políticas existentes. Han sido casi cuatro décadas de las que los españoles podemos sentirnos orgullosos por la obra colectiva realizada.

Pero hay que mirar al presente y al futuro. Y el presente está marcado por el reto colectivo que supone reformar la Constitución. Ya nadie duda de que esa tarea es un imperativo ineludible. Hasta la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en su comparecencia del pasado 1 de diciembre en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, dio por buena la inminente creación de un espacio de diálogo y acuerdo que los socialistas venimos demandando desde hace largo tiempo.

No será fácil culminar el reto de la reforma constitucional. Me atrevo a decir que los principales inconvenientes no vendrán por el lado material. No veo insuperables dificultades para acordar la actualización y reforzamiento de nuestro sistema de derechos y libertades (sanidad, educación, vivienda, medio ambiente, igualdad entre sexos, aconfesionalidad, etc.). Tampoco creo que la revisión de numerosos aspectos del sistema organizativo de los poderes del Estado plantee insalvables dilemas (preferencia en la sucesión a la Corona, supresión de aforamientos e inmunidades, reforma del sistema de nombramientos de órganos constitucionales, fomento de la participación política, etc.).

Reconozco, sin embargo, dos ámbitos en los que las incertidumbres se multiplican: reforma del sistema electoral y de la organización territorial del Estado. Y ello porque cada elemento aparentemente menor de los que integran las reglas del sistema electoral supone un vuelco en la normación del sistema democrático y condiciona la propia existencia de los mismos partidos políticos que tienen que encarar esta reforma y, con ello, decidir su propio futuro.

La revisión del Estado Autonómico constituye, sin duda, la auténtica piedra de toque del hipotético éxito de este proceso. Aquí no cabe un maquillaje puntual. Hay que abordar una revisión de conjunto, ambiciosa y coherente que satisfaga la pluralidad de posiciones que se confrontan en este punto. El reto, reconozcámoslo, es mayúsculo pero, posiblemente, al ser el más necesario de todos a la vista de las amenazas que se ciernen sobre la integridad del Estado, puede ser el que culmine con éxito haciendo de la necesidad virtud.

Las dificultades para abordar el proceso de reforma constitucional no están, creo, tanto en sus contenidos como en el contexto político en el que se cierne: 1) casi todos los partidos políticos propugnan una amplia reforma constitucional; 2) curiosamente, sólo el partido del Gobierno es renuente a este cambio y afronta el debate arrastrando los pies; 3) la actitud mayoritaria de los partidos políticos de reconocimiento a los éxitos de las décadas pasadas contrasta, notablemente, con la de algunas fuerzas políticas que postulan la quiebra o ruptura respecto del “régimen constitucional del 78”; 4) la crisis socio-económica de la última década sigue estando presente y provocando una profunda desafección ciudadana respecto de las prioridades de la agenda pública; 5) en gran medida, se percibe un divorcio o alejamiento entre los partidos políticos y los ciudadanos a los que cada uno de ellos dicen representar que abocaría a afrontar la obra colectiva de la reforma constitucional sin tomarle realmente el pulso a la ciudadanía (lo que supondría un gran riesgo a sabiendas de que toda reforma constitucional que se elabore será objeto de referéndum); 6) el tablero político está en permanente movimiento con buena parte del arco político pugnando por ocupar espacios ajenos e, incluso, amenazándose la existencia de unos frente a otros.

En estas circunstancias, solo un alto sentido de la responsabilidad histórica en todas fuerzas políticas que tienen especial significación en el conjunto del Estado o de territorios específicos hará posible abordar esta obra colectiva con éxito. Con ello, renovar un proyecto colectivo de convivencia que durante los últimos cuarenta años ha resultado ejemplar y sin parangón histórico. La Constitución no es una balsámica meta si no una herramienta al servicio de la sociedad: la principal. Defender la Constitución es la mejor forma de garantizar progreso, derechos y libertades para el conjunto de la ciudadanía.

Los profesores de Derecho Constitucional enseñamos a nuestros alumnos la reforma constitucional, precisamente, en una lección que lleva por título: “La defensa de la Constitución”. Porque reformar la Constitución es la mejor forma de defenderla. Actualizar el texto constitucional es la única vía para ajustar un traje que se ha quedado estrecho y del que están a punto de reventar las costuras. La Constitución sobrevivirá si somos capaces, más pronto que tarde, de “renovar nuestros votos” bajo unas reglas ampliamente compartidas por el conjunto de la sociedad y, con ello, reforzar el “sentimiento constitucional” que se ha ido debilitando a lo largo de los últimos años.

Artemi Rallo – Diputado en el Congreso de los Diputados del PSOE

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